“Si los pueblos no se ilustran…”

En el año 1806, Mariano Moreno, escribía en el prólogo de la primera edición en el Río de la Plata del Contrato Social de Jean Jacques Rousseau, aquella frase que luego hiciera famosa entre nuestros contemporáneos el programa televisivo del genial Tato Bores: “si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía”

El contenido emancipador de la educación, que avizoraban los ideales de la Revolución Francesa, y más próximos a nosotros los revolucionarios de mayo, no ha perdido vigencia alguna. La educación construye al ser humano, haciéndolo consciente de su enorme potencial transformador, liberador.

El desarrollo económico y tecnológico alcanzado por muchas de las sociedades contemporáneas le suma a la educación y al conocimiento un nuevo rol central. Un mejor nivel educativo es fundamental para la creación de riqueza, la producción de nuevos bienes y servicios, y, por ende, para un mayor bienestar de nuestro pueblo. Debemos ser capaces de volver a poner la educación y la generación de conocimientos en el centro de nuestras preocupaciones. Priorizar la educación debe ser un valor central de toda acción de gobierno en cualquiera de sus niveles, un verdadero pilar para consumar una sociedad mejor.

En estos días asistimos a una suerte de cruzada por demorar el inicio del ciclo lectivo en nuestra provincia de Buenos Aires, que en términos concretos significaría menos días de clases para los niños y jóvenes en edad escolar. Intendentes de nuestra querida costa atlántica, empresarios y sindicatos vinculados a la industria del esparcimiento y del turismo, alzan su voz en defensa de prorrogar la temporada veraniega a expensas del inicio de clases. Están planteando una falsa contradicción, están atentando contra lo que debería ser a todas luces más importante, no sólo para la sociedad en general, sino también para sus propios hijos.

Debemos ser conscientes de que con 180 días de clase no alcanza, es preciso primero cumplir este umbral mínimo para luego pensar en su inmediato incremento. Necesitaremos un mínimo de 200 días de clases y, si fuera posible, con más horas diarias. En particular en las castigadas escuelas públicas, donde asisten la mayoría de las niñas y niños de nuestra provincia. Este es el debate central que debemos tener como una verdadera sociedad madura.

Vale la pena preguntarse: ¿No se puede planificar turismo para otros sectores de la población, en la última semana de febrero y la primera quincena de marzo? ¿Si entre el 13 y el 15 % de la población es jubilada y pensionada, no se podrá trabajar con promociones para este sector? ¿qué pasa con los millones de jóvenes que han finalizado sus estudios, y con aquellos que sólo trabajan, y que en ambos casos no tienen niños en edad escolar? ¿Cuáles son los planes, las ofertas, las promociones? ¿En qué han trabajado las Intendencias de los municipios turísticos para promover este mercado, para orientar y segmentar la oferta turística? Esto demuestra una falta de planificación, de creatividad, y de pensamiento estratégico, error que no se debe zanjar atentando contra la calidad educativa.

Es importante que en los municipios en los cuales la actividad turística es nodal podamos anticiparnos a esta discusión con propuestas alternativas, con estrategias diversas. El problema del turismo no se salva reclamando para que las clases se demoren. No podemos permitir que nuestros hijos tengan menos días de clases y, en consecuencia, una educación de inferior calidad. Sabemos que la calidad no depende sólo de la cantidad, pero la experiencia mundial nos demuestra que a partir de garantizar la cantidad podemos así bregar por una educación de mayor calidad.

Entonces, es por eso que deseamos ver a nuestros representantes – a nuestros intendentes – encabezando los reclamos por mejores y más escuelas, por más días de clases, por una mejor educación para todos. Y también planificando, junto a empresarios y trabajadores, cómo generamos una oferta turística que nos permita que el desarrollo de esta importante actividad no sea en desmedro de aquello que resulta vital para nuestro crecimiento como Nación y para el desarrollo íntegro de la persona humana mediante la educación.

Diputado Provincial Alfredo Lazzeretti

Fuente: parlamentario.com

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